La luz se apagó en la isla de Cuba y la paleta de Adrián Socorro (Matanzas, 1979) se oscureció.
“Como no es secreto para nadie, Cuba atraviesa una crisis energética fuerte que apunta a peor. Mi obra era muy colorista hace unos años atrás, pero producto de esta situación que estamos enfrentando he tenido que tomar una decisión: o emigraba a estos colores fríos, blancos, negros, azules, grises, para poder seguir trabajando con falta de iluminación, o simplemente no podía trabajar”, explica Socorro sobre “Que la noche sea leve”, conjunto de pinturas y dibujos que lo traen de vuelta a México.
En las paredes de la Galería Covarrubias (Oaxaca 95, Roma Norte) los cuadros nos hablan de la noche, de la sensualidad que busca esconderse en la oscuridad, del desorden y el exceso, de la fiesta que permite llevar el día.
“La noche evoca no solamente vida nocturna, evoca oscuridad, evoca una manera de vida, modo, hay un cambio de modo de día a modo nocturno”, cuenta.
En su tierra natal, Socorro conserva su taller en una vieja nave industrial, donde la iluminación resulta indispensable, pero ante la crisis energética que vive la isla, junto a sus paisanos, padece cortes de 38 o 40 horas seguidas.
“Yo vengo diciendo que está es la muestra más cubana que he pintado. Existe un romanticismo hacia el Caribe, hacia los cubanos, que son las palmas, la playa, los autos americanos viejos, los fumadores de tabaco, pero Cuba es muchísimo más que eso”.
“Mi obra es una postal cubana donde la vida va hacia otros varios caminos. En este caso, el mío apunta a buscar en la fiesta, en la belle époque, en el cabaret, en el teatro, de alguna manera una especie de resiliencia, de qué manera enfrento felizmente, o lo más felizmente posible, esta realidad desde lo que me gusta hacer que es pintar”.
Casado desde hace 15 años con la actriz Sonia María Cobos, el artista cubano conoce el mundo del teatro desde dentro, por lo que “voy creando mi propio teatro, mi propia dramaturgia”. Él mismo se aleja de toda tradición que busque encasillarlo solo como artista cubano, dice que su gran referente es el impresionismo, especialmente el alemán.
En sus cuadros oscurecidos se ven gestos sutiles de galanteo, de clase y coqueteo, pero también de drama, de cierto horror:
“Vuelvo una y otra vez al retrato, al desnudo, a la muerte desde lo muerto en sí. No al hecho espeluznante de fallecer, sino de dar vida a lo que ya no la tiene”.
Adicionalmente, en Covarrubias se expone la colectiva “Resonancias latentes” que incluye a una serie de artistas mexicanos cuya obra “deambula entre un estilo psicodélico, onírico, como entre sueños”, explica la directora Ariana Hernández.
La muestra incluye obras de Alexandra Conolli, Chisko Mojica, Gonzalo Salaxar, Enrique Mendoza, Luna López, Miguel Cuauhtémoc, Francisco Marroquín, Daniela López, Arturo Rivera, Miguel Bravo y Sebastián Guirao.
FOTOS: CORTESÍA, LUIS CARLOS SÁNCHEZ Y TOMADA DE FB.
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