En el marco de la Semana del Arte 2026, realizada del 5 al 8 de febrero, la Feria BADA volvió a posicionarse como una de las propuestas más accesibles dentro del circuito artístico de la capital.
El arte dejó de sentirse distante y complicado, y se convirtió en un espacio cercano donde las personas podían convivir, preguntar y conocer directamente a quienes crean las obras. Con sede en los Jardines de Campo Marte, la exposición reunió a más de 200 artistas que mostraron su trabajo sin intermediarios, en un formato que privilegia el diálogo cercano entre creadores y público.
Durante cuatro días se realizaron talleres, charlas, performances y recorridos guiados que permitieron una interacción entre creadores y visitantes. Los organizadores estimaron la asistencia de más de 20 mil personas y reafirmaron su principal objetivo, reducir las barreras económicas y culturales para que más personas puedan acercarse al arte.
Aunque participaron galeristas nacionales e internacionales, el distintivo de BADA es su modelo de venta directa. A diferencia de otras ferias donde las galerías median la transacción, aquí son los propios artistas quienes presentan y comercializan su obra, fortaleciendo el diálogo con el público y ampliando sus oportunidades dentro del mercado.
Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la visita fue la variedad de precios. A diferencia de la idea común de que el arte es caro o solo para grandes coleccionistas, en BADA se podía encontrar desde piezas pequeñas y accesibles hasta obras más grandes y de artistas con mayor trayectoria.
Durante el recorrido se observaron trabajos desde aproximadamente 2 mil pesos, mientras que algunas piezas de gran formato o de creadores consolidados superaban los 250 mil, dependiendo de la técnica, el formato y la trayectoria del artista. Esta amplitud permitió que tanto compradores primerizos como coleccionistas consolidados encontraran opciones acordes a sus posibilidades.
No obstante, se explicó que los precios no pueden elevarse excesivamente, ya que la organización establece ciertos lineamientos para conservar la esencia accesible de la feria. “Aquí nos piden que manejemos precios pensados para el público general, la idea es que más personas puedan comprar arte y no solo los grandes coleccionistas”, comentó Sebastián Mena, uno de los artistas presentes.
Más allá del valor económico, la experiencia de compra adquiere un significado distinto al poder conversar directamente con el artista, conocer su proceso creativo y entender la historia detrás de cada obra, lo que añade un componente simbólico que transforma la relación entre el público y el arte.
Entre las voces presentes en esta edición destacó la de Verónica Turrent, artista plástica y diseñadora gráfica de 50 años, quien presentó su octava “parvada”, una serie de pájaros trabajados en acrílico que comenzó a desarrollar durante la pandemia.
“Empecé a pintar pájaros en 2020. Estaba en Valle de Bravo y noté que, como nosotros estábamos encerrados, ellos se acercaban más. Dejamos de molestarlos y comenzaron a venir hacia nosotros”, relató.
A partir de esa observación cotidiana, Turrent comenzó a fotografiar las aves que llegaban a su terraza y a reinterpretarlas desde su propio lenguaje visual. Para ella, los pájaros funcionan como metáfora. “Pinto pájaros porque me identifico con ellos. A veces hablan de ganas de volar y otras de quedarme mirando sin prisa”, explicó. Las capas de acrílico que utiliza también tienen un significado personal: “Me recuerdan a la vida en sí, paso a paso, donde todo es proceso. Para mí, la obra se completa cuando alguien la mira y sonríe al encontrarse en ella”.
Casos como el de Turrent ejemplifican cómo BADA funciona como plataforma de impulso profesional. Este modelo representa tanto una oportunidad como un reto para quienes participan. Algunos artistas compartieron que llevan varios años intentando posicionarse dentro del mercado artístico y que espacios como BADA les permiten mostrar su trabajo sin depender exclusivamente de galerías.
En un contexto más amplio, el mercado del arte en México atraviesa un momento de transformación. La presencia de ferias independientes y el uso de redes sociales han abierto nuevas oportunidades para artistas emergentes. Varios creadores coincidieron en que no basta con tener talento técnico, también es necesario aprender a comunicar la propia obra, construir una identidad visual y mantener presencia constante en espacios físicos y digitales.
BADA 2026 se consolidó no solo como un espacio de exhibición, sino como un reflejo de los cambios que atraviesa la escena artística contemporánea en México. Entre precios accesibles, diálogo cercano y una oferta diversa, la feria demuestra que el arte puede acercarse a nuevos públicos sin perder su valor cultural y que, más que una transacción, puede convertirse en un nuevo punto de encuentro entre creadores y coleccionistas.



