Durante la Art Week en la Ciudad de México, la feria BADA reunió a cientos de artistas y visitantes en un espacio donde el arte no solo se observa, sino que también se vende y se conversa. El evento funcionó como un punto de encuentro entre artistas y un público interesado, combinando la experiencia artística y un espacio social y económico.
Arte sin intermediarios y más cercano al público
En el marco de la Art Week en la Ciudad de México, BADA se consolida como una alternativa accesible dentro del circuito del arte contemporáneo. Nacida en Argentina, la feria elimina intermediarios y permite que los propios artistas exhiban y vendan directamente su obra, generando un diálogo más cercano con el público.
La edición 2026 se realizó del 5 al 8 de febrero en Campo Marte, reuniendo a creadores de distintas disciplinas en un ambiente acompañado de música, entrevistas y una exposición especial de fútbol mexicano. Artistas como Carla Rippey, Ángel Bobadilla, Paloma Rot e Ignacio Chávez compartieron no solo sus piezas, sino también sus procesos y reflexiones con los asistentes.
A diferencia de Zona MACO —la feria más grande e institucional del país, que opera a través de galerías y un mercado internacional— BADA apuesta por artistas emergentes y por un modelo de venta directa, pensado para quienes buscan adquirir su primera obra o acercarse al arte desde una experiencia más humana.
Artistas y público en diálogo directo
Al conversar con los artistas, señalaron que BADA es una oportunidad para acercarse al público. “Es una oportunidad para que la gente conozca nuestro trabajo directamente”, explicó uno de los expositores. Estos espacios permiten escuchar opiniones y generar un diálogo cercano que difícilmente se logra en contextos más tradicionales.
Uno de los rasgos distintivos de la feria es que los creadores están junto a sus obras, explicando su proceso, el origen de sus ideas y el contexto de cada pieza. Esta cercanía rompe la distancia entre artista y espectador y vuelve el arte más
accesible y humano. El público coincidió en que interactuar directamente con los artistas transforma la experiencia: no solo se observa la obra, sino que se comprende y se vive de forma más significativa, creando un vínculo auténtico entre creador y visitante
Descubriendo y comprando arte emergente
Al recorrer la feria, muchos asistentes compraron obras directamente a los artistas. Entre ellos estaban Regina y María, madre e hija que adquirieron varias piezas. “Venir a esta feria cada año es como mi semana en Disneylandia”, comentó la madre. Aunque también asisten a Zona MACO, prefieren BADA porque les permite descubrir artistas emergentes en una etapa más accesible: “siempre hay uno u otro de BADA que después brinca a Zona MACO y ya no los ves aquí.”
Para algunos, el arte es pasión e inversión. Comprar a creadores emergentes les permite apoyar talento y adquirir obras que podrían aumentar su valor. El contacto directo con los artistas —conocer el significado de cada pieza y su historia— hace la compra más personal. Así, llevarse arte de BADA es también llevarse la voz de quien lo creó.
Público curioso
Entre los asistentes predominó el desconocimiento de los artistas; para muchos, la feria fue un espacio de descubrimiento. Jaime, por ejemplo, no conocía a ninguno antes de asistir, pero le llamó la atención el trabajo en madera de Ángel Bobadilla por la interacción con el espectador.
En otros casos, el conocimiento era mínimo. Marlene acudió para apoyar a un amigo y comentó que, aunque había escuchado de algunos artistas, no conocía su obra: “Sabía de su existencia, pero nada más”. También hubo visitantes con mayor cercanía al arte, como María y Regina, quienes ya conocían a algunos expositores y buscaban adquirir piezas.
Dónde converge lo social y lo artístico
Además de ser un espacio de exhibición, BADA reúne lo artístico y lo social. Algunos la consideran un evento accesible; otros, un espacio dirigido a un público específico. Para Marlene, la feria es excluyente: el costo de entrada —400 pesos, o 275 con credencial de estudiante limita el acceso.
“No es para todo público. Creo que está hecho para un público específico de cierta clase social”, afirmó. Jaime opinó que ambas dimensiones convergen: “Creo que es un poco de los dos, porque sí he visto que hay gente que viene y compra, pero también es el fin del arte”. Para María y Regina, es una oportunidad para acercarse al arte emergente y formar una colección. “Poco a poco vas haciéndote de tu arte”, comentó Regina.
La perspectiva de los artistas
Para los artistas entrevistados, vivir del arte en México es posible, pero requiere constancia y estrategia. Espacios como BADA les permiten vender, ganar visibilidad y conectar con compradores, fortaleciendo su carrera. José Cacho, Florence Ortiz, Tatiana Fonti, Romería Luis, Héczar Gómez y Ana Sofía Toca coinciden en que las ventas se construyen con trayectoria y presencia en ferias.
Florence Ortiz, con más de treinta exposiciones internacionales, afirma: “El miedo y la inseguridad frenan más el mercado. El valor de la obra crece con la trayectoria y la visibilidad, y vender solo a amigos no es sostenible. El verdadero mercado está fuera del círculo cercano”, subrayando la disciplina y persistencia como claves. Así, vivir del arte no es un ideal romántico, sino un proceso que exige producción, gestión y resiliencia.
Así, BADA es un punto clave de la Art Week donde el arte emergente gana visibilidad y el público se acerca de forma directa. Para los artistas, es un espacio de venta y proyección que demuestra que vivir del arte es posible con estrategia y contacto con el público.

