Desde el inicio de la invasión rusa en Ucrania en 2022, el panorama para las artes escénicas ucranianas cambió radicalmente: teatros cerrados, artistas desplazados y un traslado masivo de talento han marcado el rumbo de compañías como el Ballet de Kiev, que hoy encuentra en las giras internacionales una vía de supervivencia y visibilización.
En este contexto, el Ballet de Kiev recorre México en medio de uno de los periodos más difíciles que atraviesa su país.
Tras su destacada presentación en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México con El lago de los cisnes, la compañía, bajo la dirección de Viktor Ishchuk, ha impresionado al público por su virtuosismo técnico y expresivo, convirtiendo cada función en una manifestación de identidad frente a la guerra.
“Es una pena muy grande lo que vive nuestro país. Pero también es una oportunidad para decirle al mundo que Ucrania existe, que vive y que seguimos trabajando”, expresa.
Así, la compañía transforma cada escenario en un espacio simbólico donde la cultura resiste frente a la devastación.
“Detrás de la armonía del escenario, la realidad de los artistas es compleja”, dice Ishchuk, quien comparte que muchos de los bailarines han tenido que abandonar Ucrania y establecerse en distintos países europeos, incluido él, quien actualmente reside en España.
“Ha cambiado todo. No podemos regresar a casa por ahora. La distancia, la incertidumbre y la preocupación constante por nuestro país y nuestras familias forman parte de nuestro día a día. En este contexto, el arte adquiere una dimensión distinta”, explica.
Y comparte, que más allá del entretenimiento, en tiempos convulsos el arte se convierte en un lenguaje universal capaz de generar empatía y conciencia.
“El ballet, la ópera, la música, la pintura, no necesitan traducción. Todo el mundo puede entenderlos”, enfatiza.
Tras su paso por la capital mexicana, la compañía continúa su gira en Monterrey, Veracruz, Mérida y Cancún; además el director explicó que ya contemplan regresar a nuestro país el próximo año con nuevas producciones, entre ellas Don Quijote.
“Estar en México nos provoca mucha alegría; el público ha respondido con teatros llenos. Es una fiesta cada función”, concluye Ishchuk.
FOTOS: CORTESÍA
MAAZ

