En el cruce entre el mural y la pantalla, la obra de José Clemente Orozco y Sergei Eisenstein revela afinidades que, más que históricas, trascienden su tiempo y adquieren una resonancia contemporánea. La exposición “Correspondencias. Orozco–Eisenstein”, que permanece en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA) hasta el 2 de agosto, plantea un recorrido en el que ambos lenguajes desbordan sus soportes y se interrogan mutuamente.
Lejos de una lectura lineal, la muestra, explica Laura Ayala Castellanos, curadora del proyecto, parte de un momento decisivo, la llegada del cineasta soviético a México en la década de 1930, “cuando el encuentro con la obra de Orozco adquiere una dimensión reveladora para él”.
“Se llaman correspondencias porque se enviaban cartas, intercambiaban sus retratos y tenían propuestas estéticas similares, mucho antes de que se hubieran conocido”, cuenta.
En ese cruce emerge una de las ideas centrales de la exposición: la posibilidad de pensar a Orozco desde la mirada cinematográfica de Eisenstein, apunta la curadora.
“Las afinidades estéticas, la ideología y las trayectorias de dos grandes creadores del siglo XX convergen en el proyecto, donde se construye una red de correspondencias que revela vínculos profundos entre ambos creadores”, señala Ayala Castellanos.
“Eisenstein decía que haría una película que sería como un zarape, con varios capítulos que en apariencia no tienen nada que ver, pero están sostenidos por una trama. Esa idea evolucionó hacia la intención de realizar una película que sería un mural mexicano”, agrega.
Así, la muestra reúne cerca de 30 elementos entre fragmentos fílmicos, fotogramas, pinturas, dibujos y libros provenientes de acervos como el Museo de Arte Carrillo Gil, el Museo Cabañas y diversos archivos internacionales. A este conjunto se suman reproducciones de murales del Antiguo Colegio de San Ildefonso, como Los aristócratas, de Orozco, en diálogo con un fragmento de El acorazado Potemkin, de Eisenstein.
“El recorrido establece relaciones directas entre imágenes donde los frescos de Orozco parecen expandirse más allá del muro, mientras que el cine de Eisenstein desborda la pantalla”, explica.
“‘¿Es posible que un muro siga siendo un muro después de todo esto?’, se preguntaba el cineasta ante la potencia del muralismo. Para él, ambas prácticas compartían una misma vocación expansiva”, añade.
En ese diálogo, señala, también se inscriben las tensiones históricas que atravesaron tanto a México como a la Unión Soviética: “Tanto en Rusia como en México había una búsqueda genuina por mejorar las condiciones de trabajadores y campesinos”.
“En ese cruce, la obra de Orozco adquiere nuevas capas de sentido. Orozco siempre te plantea nuevas ambigüedades… cuando crees que ya entendiste algo, te lleva hacia otro lado”, concluye.
A DETALLE
- A lo largo del recorrido se pueden leer frases tomadas de la correspondencia, en la cual, comparten su admiración por el otro y otras preocupaciones.
- La muestra busca conectar el cine y la plástica para entablar nuevas formas de interpretación de las propuestas de cada artista.
MAAZ

