Crimson Desert: reseña de un juego que empezó bien y se volvió leyenda

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El otro día no sabía qué jugar, como tenía un par de horas decidí poner un juego de exploración, para pasear por un increíble mundo de fantasía y ver qué me encontraba. Abrí el mapa y vi una locación enemiga marcada en una región llamada Hernand, en la que he avanzado ya bastante, decidí empezar por ahí, así que usé el viaje rápido y llegué a unas ruinas nevadas donde después de explorar un poco, me encontré con un jefe que tenía una armadura parecida a la de Sauron del Señor de los Anillos y que haciéndole honor, me dio un baño de humildad y me mandó a revivir suficientes veces para hacerme entender que todavía no era momento de pasar ese lugar.

Así que procedí a huir, encontré un punto interesante en el paisaje al sacar mi linterna para buscar otro destino y eso me llevó a una grieta con una gran cascada y un par de acertijos que resolví para ganar algunos puntos de habilidad. De ahí salí a una fortaleza que era de una facción enemiga que aún no había enfrentado y mejor decidí ir a conocer un pueblo cercano donde tenía un encargo. Ahí le entregué una carta a un soldado que me había dado su esposa y este me dijo que quería volver con ella, pero necesitaba ayuda con una manada de lobos cercana.