La política mexicana tiene una particularidad: muchas veces las sucesiones comienzan mucho antes de que oficialmente comience una contienda, no hay candidaturas, no hay campañas y, en algunos casos, ni siquiera existe una declaración abierta de aspiraciones, pero hay señales y cuando esas señales vienen acompañadas de decisiones tomadas desde Washington, el asunto adquiere otra dimensión.
Esta semana aparecieron dos imágenes que difícilmente pueden pasar desapercibidas para quienes observan la carrera rumbo a 2030 dentro de Morena, por un lado, Omar García Harfuch estuvo en Buenos Aires, en la 40 Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA y el Ministerio de Seguridad de Argentina. Ahí, el secretario de Seguridad mexicano expuso la estrategia del gobierno de Claudia Sheinbaum y habló de la coordinación con agencias estadounidenses, mientras el director de la DEA, Terrance Cole, destacó públicamente a Harfuch y la relación de cooperación entre ambos países.
El mensaje es relevante, en un momento particularmente complejo de la relación México-Estados Unidos, donde Washington ha endurecido su postura frente al narcotráfico, el lavado de dinero y la seguridad, Harfuch aparece como un interlocutor confiable para una de las agencias más importantes del gobierno estadounidense. No es un detalle menor, la seguridad es precisamente uno de los terrenos donde Estados Unidos ha decidido medir resultados y exigir coordinación.
Del otro lado está Andrés Manuel López Beltrán, el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien confirmó que Estados Unidos le retiró la visa y acusó que la decisión tiene motivaciones políticas. La embajada estadounidense, sin explicar las razones específicas del caso, respondió que las visas pueden ser canceladas cuando existen motivos para hacerlo, independientemente de quién sea el titular.
Hay que recordar que la cancelación de una visa no equivale, por sí misma, a una acusación penal ni demuestra que una persona haya cometido un delito, de hecho, Washington no hizo públicas las razones particulares de esta decisión, pero políticamente el efecto es innegable.
Porque mientras un personaje con aspiraciones de futuro aparece sentado con funcionarios de seguridad estadounidenses, hablando de cooperación y recibiendo elogios públicos, otro de los nombres relevantes del movimiento obradorista enfrenta una decisión del Gobierno de Estados Unidos que lo coloca a la defensiva y lo obliga a explicar públicamente un asunto que, hasta hace poco, no formaba parte de su agenda política.
Para muchos dentro y fuera de Morena, la competencia rumbo a 2030 ya comenzó, quizá todavía no en las estructuras formales del partido, pero sí en la percepción pública, en los grupos de poder y, sobre todo, en la construcción de perfiles.
Si se trata de leer señales, las de esta semana son particularmente interesantes, Harfuch representa hoy un perfil que combina seguridad, resultados operativos, cercanía con la presidenta Sheinbaum y una interlocución funcional con Washington, mientras que López Beltrán representa, en cambio, la continuidad más directa del apellido López Obrador y de una corriente política que todavía tiene un enorme peso dentro de Morena.
No significa que Estados Unidos haya escogido candidato para México, sería exagerado afirmar eso y tampoco que una felicitación de la DEA convierta automáticamente a Harfuch en aspirante presidencial, pero en política internacional los gestos cuentan, y mucho.
La pregunta entonces no es solamente quién tiene mejores posibilidades dentro de Morena, sino qué perfiles son capaces de construir una relación de confianza con el principal socio comercial y vecino de México sin perder autonomía política, por ahora, la fotografía es clara, Harfuch está hablando de seguridad con Estados Unidos; Andy López Beltrán está hablando con Estados Unidos para defender su visa.
Dos apellidos, dos circunstancias completamente distintas y si la carrera hacia 2030 ya comenzó silenciosamente, quizá algunos estén leyendo estas señales con mucha más atención de la que públicamente están dispuestos a reconocer.
Por: José Alfredo Ceja Rodríguez, académico de la Universidad Panamericana (@alfredocejar)

