Durante décadas, México ha dependido de Estados Unidos para abastecer de energía a sus hogares e industria. Actualmente, ese país suministra alrededor del 75% del gas natural que importa México, principal fuente para la generación de electricidad.
Esta dependencia representa un riesgo energético y económico. La guerra en Irán recordó la vulnerabilidad de los mercados energéticos ante acontecimientos internacionales. El alza de los precios se trasladó a Estados Unidos y, de ahí, a los compradores mexicanos. El gobierno de la presidenta Sheinbaum administró algunos impuestos para amortiguar el impacto, pero esta no es una solución de largo plazo. Para reducir la dependencia, el gobierno ha propuesto aumentar la producción nacional de hidrocarburos. Esto puede ser parte de la respuesta, pero no elimina la vulnerabilidad ante las variaciones de los precios internacionales.
Ahí está la ventaja de las energías renovables, cuyo impulso ha sido planteado por la propia presidenta. En un mundo que debe avanzar hacia fuentes más limpias, seguras y competitivas, las renovables permiten una estrategia energética más integral y diversificada. Esto es consistente con el compromiso del gobierno de impulsarlas hasta alcanzar el 45% en 2030.
En este contexto, México necesita soluciones creativas. Cuando hablamos de soberanía, quizás la primera idea que viene a la mente es nuestra tierra, pero México no puede olvidar sus mares y, en particular, los vientos de esos mares. La energía eólica marina puede desempeñar un papel fundamental. México cuenta con excelentes recursos, particularmente frente a Tamaulipas y la península de Yucatán, cuyo aprovechamiento puede fortalecer la seguridad energética con una fuente nacional que no depende del precio internacional de un combustible. A esta ventaja se suman sus beneficios ambientales: prácticamente no genera emisiones directas de CO2 ni consume agua durante la generación. Su desarrollo deberá planearse cuidadosamente para proteger a las comunidades costeras y la biodiversidad.
La energía eólica marina ofrece así a México una oportunidad que vale la pena impulsar. Su capacidad para fortalecer la seguridad energética y sus ventajas ambientales ya la hacen especialmente atractiva. Pero sus beneficios no terminan ahí; también puede contribuir a: 1) responder a una demanda eléctrica creciente y 2) abrir nuevas oportunidades económicas e industriales.
La energía eólica marina puede ayudar a atender una demanda eléctrica creciente con nueva generación a gran escala. El PRODESEN reconoce que México necesitará ampliar su infraestructura eléctrica ante una mayor demanda de la industria, la economía y las familias, que requieren más electricidad para refrescar sus hogares cuando hace calor y mantenerlos cálidos cuando llega el frío. Aunque el programa actual se extiende hasta 2038, desde ahora debería trazarse una ruta para incorporar la energía eólica marina.
La energía eólica marina también puede abrir oportunidades económicas e industriales, movilizando inversión en puertos, manufactura, construcción y servicios especializados. A ello se suma un argumento económico más amplio: los costos de las renovables han caído considerablemente. En los últimos años, prácticamente todos los nuevos proyectos fueron más baratos que las alternativas fósiles.
El gobierno acierta al colocar la seguridad energética entre las prioridades nacionales. El reto es construirla de forma que, además de reducir nuestra vulnerabilidad externa, permita fortalecer el sistema eléctrico, acompañar el crecimiento del país y hacerlo de manera sostenible y respetuosa con el medio ambiente. La energía eólica marina ofrece una oportunidad para avanzar en esa dirección. Sin duda, aprovechar sus múltiples beneficios puede ayudar a México a alcanzar estos objetivos y a construir una seguridad energética más sólida y duradera.
Por Vladimir Sosa Rivas, Director para Iberoamérica de Ocean Energy Pathway
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