El candidato de Trump no es Vance

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JD Vance subió al escenario de la convención republicana en Dallas dispuesto a presentarse como heredero y terminó comportándose como aspirante inquieto. Cuando un manifestante desplegó una bandera mexicana, el vicepresidente le espetó que, si tanto amaba a México, moviera el trasero hacia allá; incluso ofreció pagarle el boleto.

La concurrencia rugió. Vance consiguió el aplauso que buscaba, pero dejó otra impresión: la de quien necesita demostrar, a gritos, que merece la candidatura que todos suponen suya.